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22 de julio de 2025
Novak Djokovic: la experiencia de vivir bajo bombardeos y carencias económicas que fortalecieron su ambición y el espíritu competitivo
El miedo, la incertidumbre y la búsqueda de refugio se transformaron en motores de una voluntad inquebrantable que lo llevó a la élite del tenis
La montaña de Kopaonik, que seis meses al año quedaba sepultada bajo la nieve, se transformó en inesperado semillero de talento cuando instalaron tres canchas de cemento frente a los negocios familiares.
La llegada de la entrenadora Jelena Gencic, quien habÃa descubierto a Monica Seles, fue determinante: “Dijeron que yo era un niño de oroâ€, recordó Novak en una entrevista con CNN, hace varios años. De inmediato, Gencic convenció a sus padres de invertir lo poco que tenÃan en una carrera tenÃstica improbable, considerando el entorno. Según cuenta Daily Mail, los relatos de la época, describen cómo los Djokovic trabajaban de dÃa como instructores de esquà y de noche servÃan en la pizzerÃa para juntar el dinero que permitiera a Novak seguir jugando, aunque practicar costara 25 marcos (alrededor de 15 dólares) por hora, en plena hiperinflación.La familia se esforzaba para darle a Novak todas las oportunidades posibles. Un momento decisivo fue la decisión de subarrendar unas viejas canchas de arcilla en el hotel Brzece, donde Novak mejoró su técnica durante los veranos bajo el ojo vigilante de Gencic, mientras que el resto de la familia trabajaba rentando las otras canchas para sostener los gastos del joven prodigio, según Daily Mail. El conflicto bélico fracturó Yugoslavia y, hacia 1997, la falta de futuro empujó a mudarse de nuevo a Belgrado, con la convicción de que la ciudad ofrecÃa las condiciones mÃnimas para que Novak pudiera desarrollarse.TenÃa 11 años cuando un estruendo y la vibración de vidrios quebrados lo despertaron en la madrugada del 24 de marzo; vio a su madre caer inconsciente y se deslizó junto a sus hermanos por las oscuras calles de Belgrado en busca de refugio, como relató en su autobiografÃa Serve to win.
El primer refugio lo encontraron en el sótano del edificio de su abuelo, donde pasaron meses junto a decenas de vecinos, entre humedad, miedo y noches en vela, escuchando caer las bombas.En ese ambiente de incertidumbre, sobrevivir fue la consigna. Las colas a las cinco de la mañana para conseguir leche o pan eran parte de la rutina de miles de familias, tal como Novak ha recordado a Sony Sports Network.
El padre, Srdjan, exfutbolista y esquiador, suplió la carencia material con inmensa convicción: “Tuve un ejemplo en mi padre, que fue perseverante y creyó en mÃ, incluso cuando yo no lo hacÃaâ€, admitió Djokovic.
El miedo compartido se hizo costumbre: 20 familias amontonadas en el sótano mientras afuera estallaban puentes, hospitales y barrios enteros.“Me hizo más fuerte y ayudó a convertirme en el número unoâ€.
En una conferencia de prensa en 2020, Djokovic lo resumió: “Ese fue mi fundamento: el hecho de venir literalmente de la nada y de la vida difÃcil, junto con mi familia y mi pueblo… Recordar de dónde vine siempre me inspira y me motiva a esforzarme aún másâ€.AsÃ, entrenaban hasta cinco horas diarias a merced de la suerte. “Decidimos dejar de tener miedoâ€, escribió Djokovic en su libro. “Después de tanta muerte y destrucción, simplemente dejamos de escondernos. Una vez que te das cuenta de que eres verdaderamente impotente, cierto sentido de libertad te invadeâ€.
El desarrollo deportivo de Novak continuó en el Club Partizan de Belgrado, donde encontró una segunda familia y formó lazos con otras futuras figuras como Ana Ivanović. “Es el club que tiene en su corazónâ€, sintetizó Dusan Grujic, presidente del club a BBC Sports.Djokovic representa para muchos serbios la perseverancia convertida en éxito tangible. Es héroe nacional y embajador de una imagen renovada, incluso cuando en la memoria colectiva todavÃa laten las heridas de guerra“.
Hoy, arrastra una historia que late mucho más fuerte que cualquier grito de estadio: la de aquel niño que aprendió, en medio de la guerra, a nunca dejar de pelear.